La juventud de hoy en día es impresionante, y sí parece obvio que lo diga alguien que pertenece a ella. Pero es verdad, probablemente a través de la historia muchos jóvenes lo hayan pensado, pero la realidad es que somos una combinación perfecta entre lo que otras generaciones que cambiaron al mundo tuvieron, y lo que les falto a las que no lograron hacer nada impresionante.
Se nos acusa de ignorantes de nuestra realidad, pero lo cierto es que nadie estuvo nunca más informado que nosotros -no es su culpa, es solo que a nosotros se nos ha dado la oportunidad de saberlo todo en el momento que pasa- y por lo tanto estamos mucho más conscientes de los problemas que hay en el mundo, nos preocupamos por la sociedad que nos rodea y el medio ambiente, tenemos los ojos puestos en todo. Es como dice Victoria Hardy, directora ejecutiva de esta investigación realizada por la multinacional del entretenimiento Disney, la consultora TNS y The Future Laboratory, somos “una generación positiva y socialmente concienciada que utiliza la tecnología que les rodea para crear un impacto positivo en sus vidas y en su comunidad”.
Las generaciones pasadas están llenas de personas que trabajaron incasablemente para obtener lo que buscan y poder proveer a sus hijos de aquellas cosas que tuvieron o que no pudieron tener, de cualquier forma es una generación que da. No hay que verlo desde el lado negativo, el tener todo lo necesario no nos hace inútiles, no hace ambiciosos en un buen sentido, nos muestra que si ellos pudieron, nosotros podemos alcanzar cualquiera que se a nuestro propósito.
Uno de los principales “problemas” que ven en nuestra generación, es el “respeto perdido” por los padres, el no hacer lo que nos dicen. Pero no se dan cuenta que eso se llama pensar, tener elección y decisión, no se trata de seguir las reglas con una venda en los ojos, tenemos un pensamiento propio, somos individuos capaces de crear una “ideología propia”, analizamos el mundo, no solo existimos en él, tenemos una nueva forma de ver las cosas. Aunque puede ser considerado que la relación padre-hijo ha perdido su importancia, no es así, simplemente ha cambiado. Nuestros padres no son nuestros dueños ni jefes, son familia que ayuda y enseña pero también aprende.
Se dice que los niños de ahora crecen demasiado rápido, pero eso es simple evolución natural, desde que nacen se desarrollan más rápido que antes. La educación también ayuda a esto, no se trata de arrojar datos a la cabeza de los niños se trata de enseñarles el valor que esa información tiene, lo importante y útil que les puede ser, y además de dónde viene, que entiendan el porqué de las cosas. Se quejan de cómo buscan convertirse en seres que participan en actividades sociales que no son apropiadas para su edad -aunque probablemente no sean benéficas para ellos ni para nadie- pero es algo normal, es meramente un impulso por conocer lo desconocido. La inserción social activa a una edad más temprana no hace mas que prepararlos desde antes para el mundo en el que van a vivir, los arranca de esa burbuja en que se habían estado criando niños por siglos que no ayudaba a enfrentar la realidad
Muchos afirman que los valores se han perdido, pero quiénes son ellos para decirlo. Los valores no son lo que le parezca a unos simplemente y si creen en ellos entonces deben respetar a los demás y el hecho de que las ideas y los tiempos cambian, lo que fue ayer no puede ser ahora –a menos no exactamente igual-, claro que los valores existen, hoy en día no son simples “normas“ que hay que seguir, se toman en consideración a las demás personas, no se trata de ser absolutistas sino comprensivos. Se quejan de la “perdida” de los valores porque los padres no se imponen ante sus hijos, porque no los regañan –o maltratan- como antes, pero no ven que ellos hacen algo más valioso, ellos escuchan a sus hijos, los comprenden, dialogan, les dan su lugar como personas, los respetan y así les enseñan a respetar. Los padres de ahora tienen una forma diferente de enseñar, no se trata simplemente de decir que hacer y que no, se trata de dejarlos verlo por sí mismos para que realmente entiendan, y por supuesto que no ven a los hijos como un estorbo, solo comprenden que aunque nos dieron la vida, ellos tienen una propia y no estamos en este mundo para depender unos de otros, sino para acompañarnos.
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